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LA PELUQUERÍA, UN ESPACIO PARA LA CULTURA

Cultura y creatividad de pelos.

 

Por Andrés López Ojeda

 

Cuando uno visita el lugar, cuesta un poco de trabajo entender qué es La Peluquería. Uno puede pensar, sin meterse en mayores especulaciones, que son varios negocios en un mismo espacio: peluquería (por supuesto), cafetería, tienda de artesanías, vitrina de diseño. También se puede decir que es cada uno de ellos, ninguno que lo comprenda y todos ellos juntos. Pero, todo esto puede ser engañoso si uno lee la pequeña tarjeta de presentación y contacto, pues hay que agregar el hecho de que ahí realizan también la difusión, la promoción y llevan a cabo “proyectos de arte”, eventos sociales diversos, proyección de cine; es decir, la complejidad posmoderna donde los límites no aparecen de manera clara y frecuentemente se desdibujan.

Coherente con el nombre que ostentan, quizá lo más fácil de identificar es el material con el que trabajan: el cabello en sus distintas manifestaciones (largo, crespo, corto, entintado, lacio, castaño, rubio, pelirrojo, oxigenado, cano, ralo, abundante, grueso, delgado, femenino, masculino, de niño) pero, sobre todo, en su dimensión significativa: acá en Bogotá -nos dice Diana, la gerente y hostess de La Peluquería, se piensa que el cabello guarda las cosas negativas, por eso es que es tan importante cortar el cabello, porque de alguna forma te liberas de esas cosas malas.

Y es que, el aporte de La Peluquería como empresa creativa fue reconocido por el Ministerio de Cultura de Bogotá en 2011 mediante una Mención de Honor en el Premio de Nuevas Prácticas Artísticas, debido al trabajo innovador que, sitúa al corte de cabello a nivel de arte con un componente social (Motilofs), pero también, porque la versatilidad del uso de su espacio (cerca de 200 metros cuadrados) se ha convertido en un aparador para la difusión de otros artistas plásticos -diseñadores gráficos, modistas, artistas escénicos, artesanos, pintores, entre otros- pero, principalmente, para el colectivo de mujeres que lo integran quienes no son peluqueras profesionales sino creativas por convicción y formación, como Melissa Paevez -la dueña de La Peluquería-, quien es publicista; Juli es diseñadora y funge como maquilladora; Mary es diseñadora de plataforma y fotógrafa; Diana, la anfitriona, es socióloga; en tanto que Maru y Gaby son la coordinadora de ferias de arte y la productora, respectivamente.

La Peluquería se puede considerar, igualmente, un modelo de gestión cultural en donde se ha integrado exitosamente una política cultural de apoyo a los emprendimientos por parte del gobierno, a través de programas de apoyo a iniciativas novedosas y donde participa también el sector privado.

Esto es importante porque, al igual que sucede en el caso de México, existen muchas iniciativas que desarrollan un trabajo cultural muy importante pero tienen, predominantemente un giro comercial (cantinas donde se realizan presentaciones de libro; bares donde se presentan exposiciones de pintura; por ejemplo). Es decir, a pesar de que se encuentran acercando la cultura a públicos no tradicionales, cuentan con pocas facilidades y apoyos para continuar esta labor de manera que los auspicios desplegados por los dueños de los negocios se asumen como simple hobby o mecenazgo.

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